A la energía nuclear española le ha salido un aliado inesperado: la crisis del gas

La cuenta atrás ya ha empezado. El itinerario que maneja el Gobierno actualmente prevé cerrar de forma programada los siete reactores alojados en las cinco centrales nucleares españolas en operación entre 2027 y 2035. La primera que pondrá fin a su actividad será la de Almaraz, en Cáceres, que cerrará su primer reactor en noviembre de 2027, y el segundo apenas un año después, en octubre de 2028.

Los siguientes en esta lista serán los reactores de Ascó I (Tarragona) y Cofrentes (Valencia), que dejarán de estar operativos en 2030, y tras ellos cerrará Ascó II, en 2032. Los dos últimos reactores que pasarán a la inactividad serán los de Vandellós II y Trillo, ambos en 2035. No obstante, los trabajos que es necesario llevar a cabo para ejecutar el cierre y el desmantelamiento de una central nuclear no son pan comido.

Habitualmente el cierre debe planificarse con una anticipación previa de al menos tres años, y el desmantelamiento no puede iniciarse hasta que han transcurrido otros tres años desde el momento en el que cesó la actividad del reactor debido a que el combustible debe enfriarse en las piscinas de la central. A partir de ese momento el desmontaje de las instalaciones puede prolongarse durante diez años más. Así están las cosas ahora, pero la crisis del gas que ha desencadenado la guerra de Ucrania puede cambiar las reglas del juego.

Iberdrola y Endesa proponen revisar la fecha de cierre de las centrales nucleares

La estrategia del Gobierno está siendo contemplada con buenos ojos por algunos expertos, como Pedro Fresco, un profundo conocedor de los mercados energéticos y las energías renovables que ha ejercido como Director General de Transición Ecológica en la Generalitat Valenciana:

«El calendario del apagón nuclear no solo es realista, sino que el propio gobierno español ha conseguido que muchas de las empresas propietarias, que querían cerrar a los cuarenta años las centrales nucleares porque no eran rentables, hayan aceptado extender la operación hasta los cuarenta y cinco o los cuarenta y seis años.»

Sin embargo, otros expertos creen que esta estrategia no es la adecuada, especialmente en la coyuntura actual. Alfredo García, más conocido en Twitter por su alter ego @OperadorNuclear, es uno de ellos:

«Creo que es una estrategia muy electoralista. El Partido Socialista lleva muchos años incorporando en su programa electoral la idea de que cuando llegue al poder cerrará las centrales nucleares al finalizar su vida de diseño, que son cuarenta años. En el artículo que escribí para Xataka hace algún tiempo expliqué que se trata de un mito.»

«Realmente esos cuarenta años definen un periodo mínimo en el que tienes que garantizar que la central funciona correctamente y con seguridad para asegurar la inversión que se ha realizado. No es una fecha de caducidad. Una central no puede durar treinta años porque entonces no se amortizaría completamente, pero una vez que ha llegado a los cuarenta años y se ha mantenido con seguridad, y siempre que el organismo regulador garantice que funciona de forma segura y es rentable, esa central puede seguir funcionando muchos más años.»

Lo que nos explica Alfredo es interesante debido a que pone sobre la mesa la posibilidad de extender de forma segura la vida operativa de las centrales nucleares españolas más allá de su vida de diseño. Esto es, precisamente, lo que propone ANAV (Asociación Nuclear Ascó-Vandellós II), que es la empresa constituida por Iberdrola y Endesa para administrar la operación de las centrales nucleares alojadas en Cataluña.

El conflicto entre Occidente y Rusia que ha propiciado la guerra de Ucrania ha sumido el mercado del gas en una profunda incertidumbre que está provocando grandes fluctuaciones de su precio. De hecho, los consumidores somos testigos del profundo impacto que está teniendo esta volubilidad en nuestra factura del gas. Pero lo más desasosegante es que en el horizonte por el momento no se vislumbra ninguna solución a esta crisis. Ni siquiera a largo plazo.

ANAV está barajando la posibilidad de que las plantas de Ascó y Vandellós II extiendan su vida operativa más allá de 2035

La estrategia del Gobierno propone compensar parcialmente la energía que no producirán las centrales nucleares que dejarán de estar operativas recurriendo a las centrales de ciclo combinado, pero la imprevisible salud del mercado del gas lo complica. Y las renovables difícilmente podrán asumir por sí solas en tan poco tiempo la generación de toda la electricidad que no producirán las nucleares.

Esta es la coyuntura en la que ANAV está barajando la posibilidad de que las plantas de Ascó y Vandellós II extiendan su vida operativa más allá de 2035, que, como hemos visto, es el año en el que, según el itinerario fijado por el Gobierno, cerrarán las últimas centrales nucleares españolas. Si nos ceñimos a las explicaciones de los expertos en energía nuclear y tenemos presente el escenario energético en el que nos encontramos, parece razonable. En cualquier caso, la última palabra la tiene el Gobierno.

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La noticia

A la energía nuclear española le ha salido un aliado inesperado: la crisis del gas

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Juan Carlos López

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