Mi coche tiene 16 años. Solo echo de menos un puñado de cosas de los coches modernos

Tengo un coche que tiene 16 años. Camino ya de los 17 que hará el próximo mes de abril. Un coche ya anciano para la media europea (12 años) y para la española (13,5 años). Y, sin embargo, tiene la edad perfecta para deshacerme de él y cambiarlo por otro nuevo. Más bonito, más seguro, más caro. Esto es una pequeña carta de amor. Esto es por lo que no me voy a deshacer de mi coche.


Hace unas semanas os contaba que había estado buscando coche de segunda mano para sustituir mi Fiat GrandePunto de 2006. Con el desánimo de quien ha buscado sin encontrar, volví al garaje con las llaves en el bolsillo. Allí estaba mi pequeño italiano, con mirada triste de quien ha sido traicionado pero sabe perdonar. Y ya sentado, con las manos en el volante plasticoso miré para los lados y me dije que no, que reventaría el coche a kilómetros hasta sufrir una grave avería antes que entregarle a alguien.

Seamos sinceros. Por eso y porque saltar del mercado de segunda mano a un coche nuevo es algo imposible para mí ahora mismo. Más desde que comprobé con estupor los resultados que arrojaba el artículo escrito con mi compañero Javier Lacort. Hace unas semanas, con el excel en una mano y la lupa de investigadores en la otra, comprobamos que sí, que los coches se han encarecido de lo lindo y no solo es percepción nuestra.

Qué necesito en mi coche

Pero, ¿realmente necesito un coche nuevo? ¿Qué me aportaría un coche nuevo que no tenga ya? ¿Qué valoramos a la hora de comprar un vehículo y qué deberíamos valorar realmente? Esto es lo que echo de menos cuando me subo a mi coche.

Luces decentes

No hay nada que me haga viajar al pasado tanto como las luces de mi coche. Cada vez que suelto alguno de los coches que probamos en la sección de Movilidad y vuelvo a subir a mi coche me siento como Harry Mason en en Silent Hill. Parece que, de golpe, todo a mi alrededor se apagara y yo fuera con un pequeño candelabro justo delante del capó delantero de mi coche.

Unas buenas luces matriciales, que iluminen con claridad lo que tengo delante, que se adapten a la carretera en función del tipo de vía en el que me encuentre y que no deslumbren al resto de vehículos. Por pedir, que no quede. Desde luego, si tuviera que invertir en un coche nuevo, las luces son algo en lo que no racanearía en absoluto. Unas buenas luces son sinónimo de seguridad al volante.

Sensor de ángulo muerto

Otro elemento de seguridad al que es muy fácil acostumbrarse y muy fácil echar de menos cuando uno no lo tiene. Otro de esos elementos imprescindibles si yo tuviera que comprarme un coche nuevo. Pocas veces algo tan sencillo como una luz en el retrovisor ha sido tan efectivo.

Un sensor de ángulo muerto aporta ese extra de seguridad que no se puede pagar con dinero. Porque a pesar de llevar muy bien posicionados los retrovisores, siempre queda la duda, siempre un pequeño resquicio para no visualizar a un coche y, sobre todo, una moto. Y eliminar (o reducir mucho) las posibilidades de un accidente no tiene precio.

Control de crucero adaptativo

Bueno, eficiente y que no cometa errores. Difícil de encontrar en el mercado y, desde luego, los que mejor me han funcionado los he visto en coches que quedan muy lejos de mi alcance. Por ejemplo, el que llevé durante la prueba del Mercedes EQS..

También quedé muy sorprendido con el del Tesla Model Y, pero no debemos olvidar que el control de crucero adaptativo sigue siendo un sistema de asistencia y que puede dar importantes sustos si falla. Por ello, sólo lo equiparía si estuviera seguro de que su funcionamiento iba a ser sobresaliente, con giros suaves a la hora de mantener el coche en el carril y frenadas y aceleraciones comedidas.

Sensores de aparcamiento y cámara de visión trasera

No me considero una persona que aparque mal. Pero tampoco soy el maestro Jedi del aparcamiento en línea. Curiosamente, cuando mejor aparco es cuando menos espacio tengo y mis peores aparcamientos siempre se han dado con espacios en los que sobraba hueco por delante y por detrás del coche.

Pese a ello, sí me gustaría contar con ellos para salvaguardar la integridad de mi pequeño GrandePunto. Y, sobre todo, para evitar que un bolardo que queda oculto en la maniobra o cualquier otro objeto inesperado dañe la carrocería. Una comodidad a la que es muy fácil acostumbrarse y que cuando vuelvo a sentarme en mi coche me descubro mirando allí donde debería haber una pantalla.

Y ya está

Eso es todo. Ni caja de cambios automática, ni grandes pantallas, ni Apple CarPlay o Android Auto. Un buen soporte es suficiente para las pocas ocasiones en las que viajo a algún lugar al que me resulta imprescindible llegar con el navegador y viajo solo. Eso sí, hay que tener cuidado con las multas que contempla la DGT.

Hace años que cambié la radio del coche por una nueva con Bluetooth integrado, con la que puedo llamar y, sobre todo, recibir llamadas llegado el caso. Incluso, con la radio original, ya tenía volante multifuncional en mi, supuestamente, vetusto coche. Una funcionalidad que he perdido con el cambio de la radio y que tampoco echo de menos.

Pese a ello, sí tengo una teoría que se confirma: cuanta más tecnología tiene nuestro coche, más echamos de menos una integración total con nuestro teléfono móvil.

Tengo familiares que recientemente han cambiado de coche y la integración con Android Auto ha sido un imprescindible a la hora de elegir vehículo. también he recibido la misma respuesta de mi pareja, cuyo Citroën C3 sólo admite Apple CarPlay. Tras saltar a Android, se ha encontrado huérfana al volante en este sentido y hasta contempla que su próximo teléfono llegue desde Cupertino para poder explotar esta funcionalidad.

Es una pequeña confirmación a la teoría que os traíamos hace unos meses. Google y Apple están secuestrando a los conductores con sistemas operativos mejores que la de la mayoría de vehículos. Y va aa ser muy complicado echarles del mercado.


La noticia

Mi coche tiene 16 años. Solo echo de menos un puñado de cosas de los coches modernos

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Xataka

por
Alberto de la Torre

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