OpenAI nació sin ánimo de lucro pero ha creado ChatGPT, un negocio extremadamente rentable. Es conflictivo

El 30 de noviembre de 2022 asistimos a un terremoto de cuyas consecuencias seguramente hablaremos dentro de treinta años. «A mí me habló de aquello tu tío, me mandó un mensaje y aluciné». «A mí me lo enseñaron en el trabajo, cuando estaba en la agencia. Estábamos todos flipando». «Yo lo leí en Xataka«, dirá quizás alguien. Fue el día en que ChatGPT se hizo público.

Ya conocíamos las capacidades de las tres primeras versiones de GPT, pero la interfaz conversacional con memoria supuso la sacudida. Ser completamente gratuita, con usos ilimitados, ayudó a disparar su fama en sus primeras semanas de vida. Y ahora que OpenAI ya ha dado a conocer sus intenciones de lanzar una suscripción de pago para ciertos tipos de uso y consultas ilimitadas, es el momento de repasar su historia, porque dio un gran giro que está cerca de culminar.

Definición de ‘non-profit’

Cuando nació en 2015, OpenAI se declaró como una organización sin fines de lucro. De hecho esa declaración se puede seguir leyendo en el artículo publicado por la empresa en su blog corporativo en el que se presentaba a sí misma.

OpenAI es una empresa de investigación de inteligencia artificial sin fines de lucro. Nuestro objetivo es hacer avanzar la inteligencia digital de la manera que sea más probable que beneficie a la humanidad en su conjunto, sin las limitaciones de la necesidad de generar retorno financiero. Dado que nuestra investigación está libre de obligaciones financieras, podemos centrarnos mejor en un impacto humano positivo.

El párrafo es bastante elocuente, pero por si hay dudas, en el texto original, en inglés, para la frase en negrita usa el término «non-profit«. Una empresa non-profit, legalmente, puede generar ingresos, también al margen del logrado por donaciones y patrocinios.

Sin embargo, no puede dedicar los beneficios de su actividad a ningún tipo de reparto entre sus socios u otros tipos de fines personales, sino únicamente al propósito de la empresa. El estatus non-profit sirve para tener ciertas exenciones fiscales, pero bajo el compromiso de no privatizar los beneficios.

En el caso de OpenAI, los posibles beneficios que llegasen algún día deberían ser destinados íntegramente a continuar «haciendo avanzar la inteligencia digital de la manera que sea más probable que beneficie a la humanidad en su conjunto».

En 2018 todo empezó a cambiar.

Interés compuesto para los recursos

Fue cuando la empresa publicó una carta en la que anticipaba su intención de dejar de ser una non-profit. Según supimos después gracias a un revelador artículo de Karen Hao en MIT Technology Review, desde 2017 se barruntaba internamente la necesidad de cambiar el formato de la empresa, hacia un modelo más amigable con su necesidad de acumular dinero rápidamente.

La imposibilidad de financiar los recursos que OpenAI demandaba le hizo dejar de ser una non-profit. Ahora sus fundadores están a punto de hacerse millonarios gracias a ello

El motivo, la imposibilidad de seguir financiando unos recursos que se duplicaban cada tres o cuatro meses. ChatGPT es impactante, pero también es un trabajo acumulado de años que ha ido disparando sus costes.

Aquella carta fue tan sutil que no solo el público general interesado en OpenAI se dio cuenta del cambio que estaba planteando. Ni siquiera muchos de sus empleados lo hicieron. Ingeniería semántica que culminó en marzo de 2019, justo unos meses antes de que Microsoft invirtiese 1.000 millones de dólares en la empresa.

Para entonces, OpenAI había pivotado como estructura a una capaz de lograr unos beneficios limitados artificialmente: cada socio «solo» podrá recuperar su inversión… multiplicada por cien. Un límite bastante generoso para el inversor. Por poner un símil: los inversores de WhatsApp obtuvieron un retorno de cincuenta veces su inversión cuando esta fue vendida a Facebook por 22.000 millones de dólares. El listón está el doble de alto en OpenAI.

OpenAI siempre se mostró apática cuando le preguntaban por su futuro modelo de negocio, por sus planes para pasar de un bonito proyecto altruista a algo capaz de generar dinero. «No tenemos ni idea, nunca hemos generado ningún ingreso, no tenemos ni idea de cómo podremos generarlos algún día», respondía Sam Altman, CEO de la empresa, en 2019.

Win-win para Microsoft

El mencionado acuerdo con Microsoft incluyó una adaptación de los servicios de OpenAI para que pasasen a ejecutarse en Azure, su dedicación a la construcción de esta nube y sus distintas tecnologías de Inteligencia Artificial, y lo más interesante de todo: el papel de socio preferente que asumió Microsoft para cuando llegase la comercialización de las tecnologías de OpenAI. De aquellos polvos llegaron lodos como la integración de DALL·E 2 en Bing… y lo que está por venir con una API que llegará a todas partes.

El año comenzó con la filtración de las intenciones de Microsoft respecto a OpenAI: invertir otros 10.000 millones de dólares en ella, para una valoración total de 29.000 millones de dólares. ¿Un precio elevado? Puede, pero la compañía espera alcanzar los 1.000 millones de dólares facturados para 2024. ¿Una inversión elevada? Puede, también. Pero es el 5% de lo que Microsoft facturó en 2022. Y por supuesto: ¿quién sabe dónde está techo de OpenAI? ¿Quién sabe cuánto negocio será capaz de generar para dentro de cinco años?

Y esa es la foto actual. Una empresa que ha pasado bajo el radar del mundo fuera de la industria tecnológica o los más interesados en Inteligencia Artificial y de golpe, tras lanzar una interfaz conversacional que ha disparado las expectativas, se enfrenta a la idea de convertirse en una máquina de generar dinero como quizás nunca imaginaron en sus inicios, cuando apostaban por el non-profit y simplemente ni sabían cómo ingresarían su primer dólar.

Ahora, multitud de empresas de capital riesgo están invirtiendo en OpenAI, según explica Axios. Sequoia, Tigers Global, Founders Fund… Empresas que también querrán ver un retorno de su inversión. Eso sí, limitada a un múltiplo de cien.

Sus empleados, especialmente los que forman parte de OpenAI desde su fundación, están viendo cómo la empresa non-profit para la que trabajaron durante años bajo unos ideales específicos ahora está buscando ser vendida por 29.000 millones de dólares para la riqueza de su fundador, no para los fines que declaraba cuando ellos llegaron.

De fondo, una Microsoft que ganará pase lo que pase porque ha jugado sus cartas mejor que andie. Si GPT triunfa (y seguimos deshojando la margarita hasta que llegue GPT-4, mucho más prometedor que lo visto hasta ahora), Microsoft se aseguró ser parte de ello en 2019. Y si ejecuta sus intenciones filtradas actuales, más aún, pues se aseguraría un 75% de los beneficios de OpenAI hasta que recuperase su inversión. Luego continuaría manteniendo un 49% de participación. Y si GPT pincha, Microsoft habrá mantenido a raya a un rival a un coste asumible. Porque la verdadera batalla entre grandes de la IA es contra Google. Pero esa será otra guerra.

Imagen destacada: Javier Lacort en Mockuuups Studio.


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OpenAI nació sin ánimo de lucro pero ha creado ChatGPT, un negocio extremadamente rentable. Es conflictivo

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Xataka

por
Javier Lacort

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